La fuerza que necesito
para pasar mis dias de soledad,
tu me la das.
Los sueños que acompañan
mis pocas noches sin insomnia
te tienen siempre presente.
El aroma de la manaña
luego de la lluvia de medianoche,
me recuerda el olor de tus cabellos
despues de la ducha.
No sería yo si no estuvieras,
no, quien sabe quién sería,
tal vez un ser agrio,
sin esperanzas,
sin amor.
Ese amor que tu me das,
incondicional, sin límites,
sin mirar la hora, sin calendarios,
ese amor que de lo puro,
es perfecto.
Y así es mi amor hacia tí,
como lo define el diccionario,
como le describió Shakespeare,
como lo cantó Manzanero.
Eres perfecta, lo sé
y solo por eso
no te busco más,
pues ya te encontré.
Eres mis sueños, mis ilusiones,
mis fuerzas y mis esperanzas,
eres la razón que tengo,
para seguir siendo como soy.
Pero no eres humana,
también lo sé.
Y por eso no te busco,
ya te encontré,
en mis sueños,
en mis ilusiones,
en mi
viernes, 4 de enero de 2008
Siguiente
Frente a mi
otra pareja,
otro beso,
otra porción de papas fritas.
Una parte de mi sufre
al saber que esos besos,
esa cercanía, ese amor,
no durarán...
Por otro lado estoy tranquilo
pues se que al pensar así
no tendré decepciones
.
Muchos lo llaman pesimismo,
yo lo llamo "ser realista",
cada uno con sus ideas,
yo no obligo a nadie
y nadie me obliga a mi,
es parte de la vida.
Esperaré a la próxima pareja
y luego iré a orinar
otra pareja,
otro beso,
otra porción de papas fritas.
Una parte de mi sufre
al saber que esos besos,
esa cercanía, ese amor,
no durarán...
Por otro lado estoy tranquilo
pues se que al pensar así
no tendré decepciones
.
Muchos lo llaman pesimismo,
yo lo llamo "ser realista",
cada uno con sus ideas,
yo no obligo a nadie
y nadie me obliga a mi,
es parte de la vida.
Esperaré a la próxima pareja
y luego iré a orinar
VIVE!
A qué le tienes miedo?
A caer? A lastimarte la rodilla?
A que se rían de ti?
A pasar las vacaciones solo,
mientras todos se divierten?
A qué le temes?
A perder una materia?
A repetir el año?
A no cumplir las expectativas
de todos los demás?
Por qué no quieres llorar?
porque podrías parecer una nena?
porque tu novia te dejaría
y tus amigos también?
Por qué no gritas?
porque tus padres te regañarían?
porque la vecina llamaría a la Policía?
porque es mala educación
y tus abuelos nunca lo hicieron?
Por qué no amas?
por el temor a ser rechazado?
por el dolor que causa una decepción?
porque no es la que esperabas?
Tal vez es la próxima?
No seas plano,
la vida es una montaña rusa!
Solo aquel que cae y llora,
que ama y sufre,
que grita y es regañado,
que pierde y se recupera,
que se hunde y vuelve a salir,
ha vivido!
Vive, vive!
que nadie más lo hará por ti,
tal vez no lo sepas, no lo veas,
pero todos caen, lloran, gritan,
pierden, aman y sufren,
y cuando lo hagas te darás cuenta,
que nadie te dirá nada...
esa es la vida.
A caer? A lastimarte la rodilla?
A que se rían de ti?
A pasar las vacaciones solo,
mientras todos se divierten?
A qué le temes?
A perder una materia?
A repetir el año?
A no cumplir las expectativas
de todos los demás?
Por qué no quieres llorar?
porque podrías parecer una nena?
porque tu novia te dejaría
y tus amigos también?
Por qué no gritas?
porque tus padres te regañarían?
porque la vecina llamaría a la Policía?
porque es mala educación
y tus abuelos nunca lo hicieron?
Por qué no amas?
por el temor a ser rechazado?
por el dolor que causa una decepción?
porque no es la que esperabas?
Tal vez es la próxima?
No seas plano,
la vida es una montaña rusa!
Solo aquel que cae y llora,
que ama y sufre,
que grita y es regañado,
que pierde y se recupera,
que se hunde y vuelve a salir,
ha vivido!
Vive, vive!
que nadie más lo hará por ti,
tal vez no lo sepas, no lo veas,
pero todos caen, lloran, gritan,
pierden, aman y sufren,
y cuando lo hagas te darás cuenta,
que nadie te dirá nada...
esa es la vida.
Lágrimas
Si algún día he de llorar,
así sea una lágrima furtiva,
que se puede excusar con un resfrío
o con el aire frío del invierno,
lo haré por aquellos
que realmente valgan la pena:
por la lejanía de mi familia,
el viaje de mi mejor amiga,
la enfermedad de algún conocido.
Si las lágrimas purifican el alma
deben ser puras por sí mismas
y la pureza está dada
por la razón por la que se llora.
Quien nunca llora
guarda en su alma mucho dolor;
quien por todo llora
no conoce el significado
y el valor
de una lágrima
así sea una lágrima furtiva,
que se puede excusar con un resfrío
o con el aire frío del invierno,
lo haré por aquellos
que realmente valgan la pena:
por la lejanía de mi familia,
el viaje de mi mejor amiga,
la enfermedad de algún conocido.
Si las lágrimas purifican el alma
deben ser puras por sí mismas
y la pureza está dada
por la razón por la que se llora.
Quien nunca llora
guarda en su alma mucho dolor;
quien por todo llora
no conoce el significado
y el valor
de una lágrima
lunes, 31 de diciembre de 2007
Colombia...patria querida...hmmm, no.
Exceptuando a mis padres y mis hermanos, quienes son las UNICAS personas que me unen aun a este paisito llamado Colombia, si por mi pasaporte colombiano me canjearan un par de latas de sopa de pollo, no dudaria en dejarlo en el ALDI mas cercano. Desafortunadamente, ese pasaporte ni para eso sirve!
Luego de muchos dias solo, enfermo de gripa y con dolor de cabeza, con pesadillas por la fiebre y con hambre, porque es bien sabido que cuando uno esta enfermo no come bien, me levanto y me dispongo a ver las noticias de "El Tiempo" (unico periodico para el que el dia de los inocentes dura tres dias)
.
Pues bien, en la primera pagina aparece la fto de dos helicopteros de juguete destinados a seguir haciendo el estupido juego llamado "rescate de secuestrados" pero que en realidad es la forma mas ridicula de gastar plata, dinero y los sentimientos no solo de los secuestrados, sino de sus familiares. Bien, eso es normal...cualquiera en colombia podria ser secuestrado y seguramente yo haria hasta lo imposible por rescatar a un ser querido (Dios no lo quiera, la virgen no lo permita).
Pero no es lo mas grave. Mas grave me parece leer que porque un obrero de 22 anhos y su amigo le reclamaron a un par de HIJOS DE PUTA que no se mearan en el tunel de transmilenio, simplemente los "chuzaron" y mataron a uno de ellos e hirieron al otro!
Simplemente por eso! Y ademas muestran un video aficionado, en el que algunos pasajeros estan tratando de socorrerlo y los policias bachilleres, que parecen hormigas a las que les han tapado el agujero no tienen ni puta idea de que pueden hacer. Y no hacen nada! Uno supone que para ser policia lo minimo que se debe aprender es Primeros auxilios...pero no....
Y pienso. Soy yo asi? Soy yo alguien que acuchillaria a alguien solo porque me reganha por mear en un sitio prohibido. Lo haria alguno de mis hermanos? Alguno de mis amigos? Soy yo alguien que merece ser llamado "paisano" de un HIJO DE PUTA asi?
Yo creo que no.
Mas aun despues de un par de dias en que un borraho sin licencia se quiere volar de un accidente, se estrella contra una casa y mata a 7 personas! Y luego dice que el no merece la carcel, porque no queria hacerlo!
Al leer que el asesino de Benazir Bhutto es un suicida de Al Qaeida, que mata a 20 personas pero con una conviccion o un principio politico-moral-religioso (que yo obviamente NO comparto ni apruebo) me doy cuenta que peor que un terrorista es un borracho, un parce, un sicario, und raterito, un gamin, que por cualquier 200 pesos son capaces de matar a alguien, sin resentimientos ni pudor. Sin principios, sin razones. Solo por que se puede, porque nadie los va a encontrar, porque nadie les va a decir nada y si los encuentran y les dicen algo, los sueltan, para que vayan y jodan aun mas al que los denuncio.
Son esos mis PAISANOS????!!!! NO, GRACIAS!!!
En cualquier parte del mundo se cuecen habas. En USA, el pais mas ignorante y a la vez mas picado del planeta, los ninhos van a la escuela, matan a los profesores y companheros que les caen mal (y eso, la mayoria de las veces ni siquiera esocgen a sus victimas) y luego se suicidan. En Europa hay muchos casos de desamparo de ninhos, de madres que matan a sus hijos, de violadores, de canibales. Pero creo, tal vez porque me duele mas que con cualquier otro pais, que Colombia es el pais que mas bajo ha llegado. Y no son los politicos, no es el hambre, no es la falta de educacion... es el famoso "que se mete, lambon" y "me importa un culo" y "quiere que le abra otra bragueta?". Es el pais de la mediocridad, del raterito, del perezoso. Es aquel pais, en que cuando sale un Juanes o una Shakira, un Botero o un Rodolfo Llinas, nadie puede creer que sean colombianos.
A partir de este momento dedicare mi vida a parecerme lo menos posible a mis "paisanos". No hare mala propaganda sobre colombia, ni hablare las maravillas que salen en los folletos y las propagandas y que ni los propios colombianos se creen... simplemente no hablare mas de ese paisito. Si algun dia pongo pie de nuevo en esa tierra, lo hare solamente por las 6 personas que valen la pena en mi vida, no mas.
Tratare de dormir, aunque estoy seguro que solo lo conseguire al saber que todos mis familiares estan tranquilos en la casa y que sobrevivieron el dia. Y espero que ningun borracho le de por manejar en esa direccion.
Luego de muchos dias solo, enfermo de gripa y con dolor de cabeza, con pesadillas por la fiebre y con hambre, porque es bien sabido que cuando uno esta enfermo no come bien, me levanto y me dispongo a ver las noticias de "El Tiempo" (unico periodico para el que el dia de los inocentes dura tres dias)
.
Pues bien, en la primera pagina aparece la fto de dos helicopteros de juguete destinados a seguir haciendo el estupido juego llamado "rescate de secuestrados" pero que en realidad es la forma mas ridicula de gastar plata, dinero y los sentimientos no solo de los secuestrados, sino de sus familiares. Bien, eso es normal...cualquiera en colombia podria ser secuestrado y seguramente yo haria hasta lo imposible por rescatar a un ser querido (Dios no lo quiera, la virgen no lo permita).
Pero no es lo mas grave. Mas grave me parece leer que porque un obrero de 22 anhos y su amigo le reclamaron a un par de HIJOS DE PUTA que no se mearan en el tunel de transmilenio, simplemente los "chuzaron" y mataron a uno de ellos e hirieron al otro!
Simplemente por eso! Y ademas muestran un video aficionado, en el que algunos pasajeros estan tratando de socorrerlo y los policias bachilleres, que parecen hormigas a las que les han tapado el agujero no tienen ni puta idea de que pueden hacer. Y no hacen nada! Uno supone que para ser policia lo minimo que se debe aprender es Primeros auxilios...pero no....
Y pienso. Soy yo asi? Soy yo alguien que acuchillaria a alguien solo porque me reganha por mear en un sitio prohibido. Lo haria alguno de mis hermanos? Alguno de mis amigos? Soy yo alguien que merece ser llamado "paisano" de un HIJO DE PUTA asi?
Yo creo que no.
Mas aun despues de un par de dias en que un borraho sin licencia se quiere volar de un accidente, se estrella contra una casa y mata a 7 personas! Y luego dice que el no merece la carcel, porque no queria hacerlo!
Al leer que el asesino de Benazir Bhutto es un suicida de Al Qaeida, que mata a 20 personas pero con una conviccion o un principio politico-moral-religioso (que yo obviamente NO comparto ni apruebo) me doy cuenta que peor que un terrorista es un borracho, un parce, un sicario, und raterito, un gamin, que por cualquier 200 pesos son capaces de matar a alguien, sin resentimientos ni pudor. Sin principios, sin razones. Solo por que se puede, porque nadie los va a encontrar, porque nadie les va a decir nada y si los encuentran y les dicen algo, los sueltan, para que vayan y jodan aun mas al que los denuncio.
Son esos mis PAISANOS????!!!! NO, GRACIAS!!!
En cualquier parte del mundo se cuecen habas. En USA, el pais mas ignorante y a la vez mas picado del planeta, los ninhos van a la escuela, matan a los profesores y companheros que les caen mal (y eso, la mayoria de las veces ni siquiera esocgen a sus victimas) y luego se suicidan. En Europa hay muchos casos de desamparo de ninhos, de madres que matan a sus hijos, de violadores, de canibales. Pero creo, tal vez porque me duele mas que con cualquier otro pais, que Colombia es el pais que mas bajo ha llegado. Y no son los politicos, no es el hambre, no es la falta de educacion... es el famoso "que se mete, lambon" y "me importa un culo" y "quiere que le abra otra bragueta?". Es el pais de la mediocridad, del raterito, del perezoso. Es aquel pais, en que cuando sale un Juanes o una Shakira, un Botero o un Rodolfo Llinas, nadie puede creer que sean colombianos.
A partir de este momento dedicare mi vida a parecerme lo menos posible a mis "paisanos". No hare mala propaganda sobre colombia, ni hablare las maravillas que salen en los folletos y las propagandas y que ni los propios colombianos se creen... simplemente no hablare mas de ese paisito. Si algun dia pongo pie de nuevo en esa tierra, lo hare solamente por las 6 personas que valen la pena en mi vida, no mas.
Tratare de dormir, aunque estoy seguro que solo lo conseguire al saber que todos mis familiares estan tranquilos en la casa y que sobrevivieron el dia. Y espero que ningun borracho le de por manejar en esa direccion.
lunes, 24 de diciembre de 2007
EL MÉTODO
No podríamos decir que el hombre era un experto. Ni siquiera se le conocía esa nueva capacidad que descubrió gracias a su desesperación por sobrevivir. Por eso mismo, por su desesperación, por su ignorancia o tal vez por su deseo de descubrir nuevos caminos, alejados de todo aquello que alguna vez había visto, escuchado o vivido, no podríamos catalogar sus métodos de ninguna manera. Simplemente eran únicos.
Esa había sido una tarde como muy pocas en las últimas semanas. Quiso disfrutar hasta el último momento de sol, aunque los días ya no eran tan largos. Apenas alcanzó a recorrer aquellos lugares que eran para él simultáneamente su hogar y su sueño; trató de observarlos con una nueva perspectiva, tratando de encontrar en ellos ese pequeño fuego que tal vez había perdido por todo el tiempo que había estado solo, diariamente mirándolos, sintiendo sus aromas, percibiendo los pequeños detalles que diferenciaban ese lugar de todo lo que antes había vivido.
Y más por cansancio que por deseo, volvió a su castillo, que más bien parecía un cubículo de esos que forman parte de los laberintos en los que pequeños hamsters humanos tratan de ganarse el sustento diario, disfrazados de cajeros, de secretarias, de contadores, de programadores. Encendió la luz, tenue, que con el atardecer apenas si permitía distinguir los objetos que yacían esparcidos en su interior. La mayor de sus virtudes, aquella que nunca le pudieron entender y que fué producto de más de un disgusto, era el poder mantener un orden mental de todo aquello que en los ojos de cualquier otro hubiera parecido el trágico resultado obtenido de mezclar una pueblo de casas de madera y el paso de una tormenta tropical. Y de esa manera podía estar tranquilo, tratando de caminar en ese pequeño espacio formado por las paredes huecas que dejaban pasar todos los sonidos de la calle, el techo definido por las esquinas en las que las pequeñas pero desagradables arañas habían creado sus hogares -mucho más ordenados que el de él- y la alfombra azul celeste que había tenido que cortar para amoldar a las características especiales de su alcoba.
Eludiendo un par de obstáculos, de esos que fácilmente hubieran podido ser trasladados al armario al que perteneían, pero que se veían mucho más artísticos sobre la alfombra, debajo de los catálogos de los almacenes, pudo verlo. Estaba allí, esperándolo desde hacía días. O tal vez, nuestro hombre era quien lo esperaba. Hoy era el día del encuentro. No podía pasar más tiempo, pues la fecha que había sido prevista por esos seres que jamás veremos, pero en quienes debemos confiar nuestra vida, se acercaba irremediablemente. Por lo menos eso creía Él!
Durante un instante de tiempo que bien hubiera podido durar un segundo o una hora, nuestro hombre no hizo ningún movimiento. Se dedicó a pensar cual sería el mejor momento para atacar, antes de que sus sentidos lo traicionaran. Buscó en su archivo mental el mejor método para hacer lo que cualquiera otro hubiera hecho, pero teniendo en cuenta que los materiales con los que contaba no eran suficientes. Afortunadamente, pudo divisar, sobre la nevera, uno de esos pequeños bloques de madera que con algunos agujeros primitivamente hechos, son vendidos como porta-cuchillos. Y a pesar de su organizado desorden, allí SI estaban los cuchillos.
Tomó el que más cerca le quedaba, sin estirarse, sin hacer movimientos rápidos, sin demostrar el miedo que le producía el encuentro que había estado esperando desde unos días antes. Recogió sus pasos, retrocediendo cuidadosamente entre aquellos obstáculos, que como un invidente, había memorizado y no necesitaba verlos para saber el camino correcto.
No se decidía. Sabía que una vez que comenzara con el proceso no podría terminar. Y que duraría más de lo que el hubiera querido. Le hubiera gustado dedicarse a leer, tal vez a ver algo de televisión, o incluso irse a dormir, sobre su cama, cubierta por la ropa que la noche anterior había utilizado, por algunos periódicos que había estado leyendo, y donde reposaba la linterna que utilizaba en las noches, para evitarse el largo camino hasta el interruptor de la luz. De todas maneras todo lo que necesitaba lo tenía allí, y todo estaba cerca.
En el justo momento en que decidió que iba a posponer todo hasta el día siguiente, su estómago rugió, víctima del hambre, suplicándole que actuara rápido, y sobre todo, que no se fuera a dormir sin haberlo alimentado, porque de ser así dejaría de funcionar durante la noche, y con él, en su huelga, se llevaría a todos los órganos que quisieran acompañarlo.
Así que solamente quedaba un camino: encarar el destino con valentía, sin dejarse amilanar por los anteriores fracasos, producto de su ignorancia, de su dependencia en los demás, o por su falta de técnica. De todas maneras el sabía que estaba solo consigo mismo, y que ninguno de sus fracasos iba a ser conocido por nadie más. Eso era lo que más miedo le daba: que el era el único que iba a sufrir con sus derrotas y el único que podría disfrutar el sabor del triunfo final. Pero se decidió. Actuó rápido, tratando de recordar todo lo que antes había constituído el problema. Esta no era la primera vez que debía decidirse a atacar, pero tal vez sería la última antes de rendirse completamente.
Esta vez sin pensar en los obstáculos que ampliaban el espectro de colores de la pálida alfombra azul celeste, se dirigió al sitio donde su presa se encontraba. Aunque su vida no corría peligro, exceptuando la amenaza de sus órganos internos de dejar de trabajar durante la noche si no se decidía a actuar, sentía que algo lo detenía. No podía comprender si la visión de su víctima, completamente desnuda y congelada, a pesar del calor de ese día le daba lástima, o miedo.
Empuñó el cuchillo firmemente, recordando que en anteriores oportunidades, por el asco que sentía de tocar las carnes húmedas y heladas de sus víctimas, el cuchillo se resbalaba, y su tarea se demoraba más de lo previsto, haciendo que sintiera náuseas. Además, un nuevo rugido de su estómago lo impulso un paso más adelante.
Con su llegada, y el bochorno nocturno, el congelamiento de la víctima se había convertido en un sudor frío, de esos que hacen que la piel se erice, y que la epidermis se refleje ante cualquier fuente luminosa por la grasa que produce.
Tratando de mirar hacia otra parte, tratando de pensar en algo agradable, en media hora en el futuro, cuando todo hubiera pasado, lanzó el primer golpe. El cuchillo entró limpio en las ya tibias carnes sudorosas. Esta vez saltó la sangre. A pesar de que ya le había ocurrido antes, aún no estaba seguro de si eso debía ocurrir, o no. Esa visión de la sangre emanando de la herida le hizo pensar que algo andaba mal. Pero todo estaba normal, así que supuso que, como él, su víctima también era única.
Volvió a clavar el cuchillo, una y otra vez. Sin rabia, pero con firmeza y rapidez. Formando una línea, de esas que había visto que los demás lograban fácil y rápidamente. Sin embargo a él le costaba trabajo. Mientras con la mano derecha incrustaba el cuchillo una y otra vez marcando el camino, con la izquierda quiso mantener quieta a la víctima sosteniéndola fuertemente del cuello. Se le complicaba, como siempre, pero más que porque la víctima se opusiera -después de todo, ya estaba muerta- era por sus propios traumas, sus propios miedos y su propia inseguridad.
Al fin. El cuerpo yacía inerte sobre el tablado, y aunque la sangre ya no corría, la visión era bastante diferente a lo que siempre se imaginaba. Aún no se podía acostumbrar a la mezcla de la piel blanca de sus víctimas con el color más oscuro de las vísceras y las carnes rojizas que se unían al esqueleto y que alguna vez les dieron vida. Sin embargo sabía que unos minutos más adelante iba a olvidar todo lo vivido e iba a disfrutar del resultado de su trabajo. Sobre todo iba a poder dormir tranquilo después de calmar los sonidos graves emitidos desde sus propias visceras. Nunca pensó que después de todo el era también una víctima, aunque aún no conocía a su verdugo.
Preparó todos los elementos necesarios para desaparecer todas las evidencias de lo allí ocurrido. Alimentó el fuego, preparó los objetos que iban a servir de última morada, y a falta de más materiales, hirvió el agua y preparó la sal.
Colocó las presas en la olla, y se dispuso a esperar los largos minutos que se demoraba en cocinar el pollo. Después de todo, el hubiera preferido estar leyendo, viendo televisión o durmiendo.
A pesar de que su método era único, deseó que la próxima vez todo fuera más fácil.
El hombre no era un experto....
Esa había sido una tarde como muy pocas en las últimas semanas. Quiso disfrutar hasta el último momento de sol, aunque los días ya no eran tan largos. Apenas alcanzó a recorrer aquellos lugares que eran para él simultáneamente su hogar y su sueño; trató de observarlos con una nueva perspectiva, tratando de encontrar en ellos ese pequeño fuego que tal vez había perdido por todo el tiempo que había estado solo, diariamente mirándolos, sintiendo sus aromas, percibiendo los pequeños detalles que diferenciaban ese lugar de todo lo que antes había vivido.
Y más por cansancio que por deseo, volvió a su castillo, que más bien parecía un cubículo de esos que forman parte de los laberintos en los que pequeños hamsters humanos tratan de ganarse el sustento diario, disfrazados de cajeros, de secretarias, de contadores, de programadores. Encendió la luz, tenue, que con el atardecer apenas si permitía distinguir los objetos que yacían esparcidos en su interior. La mayor de sus virtudes, aquella que nunca le pudieron entender y que fué producto de más de un disgusto, era el poder mantener un orden mental de todo aquello que en los ojos de cualquier otro hubiera parecido el trágico resultado obtenido de mezclar una pueblo de casas de madera y el paso de una tormenta tropical. Y de esa manera podía estar tranquilo, tratando de caminar en ese pequeño espacio formado por las paredes huecas que dejaban pasar todos los sonidos de la calle, el techo definido por las esquinas en las que las pequeñas pero desagradables arañas habían creado sus hogares -mucho más ordenados que el de él- y la alfombra azul celeste que había tenido que cortar para amoldar a las características especiales de su alcoba.
Eludiendo un par de obstáculos, de esos que fácilmente hubieran podido ser trasladados al armario al que perteneían, pero que se veían mucho más artísticos sobre la alfombra, debajo de los catálogos de los almacenes, pudo verlo. Estaba allí, esperándolo desde hacía días. O tal vez, nuestro hombre era quien lo esperaba. Hoy era el día del encuentro. No podía pasar más tiempo, pues la fecha que había sido prevista por esos seres que jamás veremos, pero en quienes debemos confiar nuestra vida, se acercaba irremediablemente. Por lo menos eso creía Él!
Durante un instante de tiempo que bien hubiera podido durar un segundo o una hora, nuestro hombre no hizo ningún movimiento. Se dedicó a pensar cual sería el mejor momento para atacar, antes de que sus sentidos lo traicionaran. Buscó en su archivo mental el mejor método para hacer lo que cualquiera otro hubiera hecho, pero teniendo en cuenta que los materiales con los que contaba no eran suficientes. Afortunadamente, pudo divisar, sobre la nevera, uno de esos pequeños bloques de madera que con algunos agujeros primitivamente hechos, son vendidos como porta-cuchillos. Y a pesar de su organizado desorden, allí SI estaban los cuchillos.
Tomó el que más cerca le quedaba, sin estirarse, sin hacer movimientos rápidos, sin demostrar el miedo que le producía el encuentro que había estado esperando desde unos días antes. Recogió sus pasos, retrocediendo cuidadosamente entre aquellos obstáculos, que como un invidente, había memorizado y no necesitaba verlos para saber el camino correcto.
No se decidía. Sabía que una vez que comenzara con el proceso no podría terminar. Y que duraría más de lo que el hubiera querido. Le hubiera gustado dedicarse a leer, tal vez a ver algo de televisión, o incluso irse a dormir, sobre su cama, cubierta por la ropa que la noche anterior había utilizado, por algunos periódicos que había estado leyendo, y donde reposaba la linterna que utilizaba en las noches, para evitarse el largo camino hasta el interruptor de la luz. De todas maneras todo lo que necesitaba lo tenía allí, y todo estaba cerca.
En el justo momento en que decidió que iba a posponer todo hasta el día siguiente, su estómago rugió, víctima del hambre, suplicándole que actuara rápido, y sobre todo, que no se fuera a dormir sin haberlo alimentado, porque de ser así dejaría de funcionar durante la noche, y con él, en su huelga, se llevaría a todos los órganos que quisieran acompañarlo.
Así que solamente quedaba un camino: encarar el destino con valentía, sin dejarse amilanar por los anteriores fracasos, producto de su ignorancia, de su dependencia en los demás, o por su falta de técnica. De todas maneras el sabía que estaba solo consigo mismo, y que ninguno de sus fracasos iba a ser conocido por nadie más. Eso era lo que más miedo le daba: que el era el único que iba a sufrir con sus derrotas y el único que podría disfrutar el sabor del triunfo final. Pero se decidió. Actuó rápido, tratando de recordar todo lo que antes había constituído el problema. Esta no era la primera vez que debía decidirse a atacar, pero tal vez sería la última antes de rendirse completamente.
Esta vez sin pensar en los obstáculos que ampliaban el espectro de colores de la pálida alfombra azul celeste, se dirigió al sitio donde su presa se encontraba. Aunque su vida no corría peligro, exceptuando la amenaza de sus órganos internos de dejar de trabajar durante la noche si no se decidía a actuar, sentía que algo lo detenía. No podía comprender si la visión de su víctima, completamente desnuda y congelada, a pesar del calor de ese día le daba lástima, o miedo.
Empuñó el cuchillo firmemente, recordando que en anteriores oportunidades, por el asco que sentía de tocar las carnes húmedas y heladas de sus víctimas, el cuchillo se resbalaba, y su tarea se demoraba más de lo previsto, haciendo que sintiera náuseas. Además, un nuevo rugido de su estómago lo impulso un paso más adelante.
Con su llegada, y el bochorno nocturno, el congelamiento de la víctima se había convertido en un sudor frío, de esos que hacen que la piel se erice, y que la epidermis se refleje ante cualquier fuente luminosa por la grasa que produce.
Tratando de mirar hacia otra parte, tratando de pensar en algo agradable, en media hora en el futuro, cuando todo hubiera pasado, lanzó el primer golpe. El cuchillo entró limpio en las ya tibias carnes sudorosas. Esta vez saltó la sangre. A pesar de que ya le había ocurrido antes, aún no estaba seguro de si eso debía ocurrir, o no. Esa visión de la sangre emanando de la herida le hizo pensar que algo andaba mal. Pero todo estaba normal, así que supuso que, como él, su víctima también era única.
Volvió a clavar el cuchillo, una y otra vez. Sin rabia, pero con firmeza y rapidez. Formando una línea, de esas que había visto que los demás lograban fácil y rápidamente. Sin embargo a él le costaba trabajo. Mientras con la mano derecha incrustaba el cuchillo una y otra vez marcando el camino, con la izquierda quiso mantener quieta a la víctima sosteniéndola fuertemente del cuello. Se le complicaba, como siempre, pero más que porque la víctima se opusiera -después de todo, ya estaba muerta- era por sus propios traumas, sus propios miedos y su propia inseguridad.
Al fin. El cuerpo yacía inerte sobre el tablado, y aunque la sangre ya no corría, la visión era bastante diferente a lo que siempre se imaginaba. Aún no se podía acostumbrar a la mezcla de la piel blanca de sus víctimas con el color más oscuro de las vísceras y las carnes rojizas que se unían al esqueleto y que alguna vez les dieron vida. Sin embargo sabía que unos minutos más adelante iba a olvidar todo lo vivido e iba a disfrutar del resultado de su trabajo. Sobre todo iba a poder dormir tranquilo después de calmar los sonidos graves emitidos desde sus propias visceras. Nunca pensó que después de todo el era también una víctima, aunque aún no conocía a su verdugo.
Preparó todos los elementos necesarios para desaparecer todas las evidencias de lo allí ocurrido. Alimentó el fuego, preparó los objetos que iban a servir de última morada, y a falta de más materiales, hirvió el agua y preparó la sal.
Colocó las presas en la olla, y se dispuso a esperar los largos minutos que se demoraba en cocinar el pollo. Después de todo, el hubiera preferido estar leyendo, viendo televisión o durmiendo.
A pesar de que su método era único, deseó que la próxima vez todo fuera más fácil.
El hombre no era un experto....
LA FAMILIA
Era un hogar como cualquier otro. La única diferencia era que los padres eran muy jóvenes y no tenían la experiencia suficiente para guiar su destino. Sus hijos, que apenas si estaban aprendiendo a caminar, no sabían exactamente que ejemplo tomar, pues lo único que conocían era su propia familia, y ésta no era perfecta.
Y a pesar de que sabían que en sus manos estaba el futuro de esos niños inocentes, no sabían cómo actuar. Aquellos que ya habían descubierto el mejor camino para vivir a plenitud vivían muy lejos, y tal vez nunca podrían conocerlos. Tal vez estaban muy cerca, pero sabían que el camino tenía que ser descubierto por ellos mismos y no deberían intervenir en sus decisiones.
Y como en todas las familias, se tomaban decisiones equivocadas. Sus hijos no siempre estaban contentos con los regaños, y no siempre compartían los gustos de los demás. Pero eran hermanos y vivían en el mismo lugar.
En ese pequeño punto azul perdido en un infinito espacio habitado por las demás familias del vecindario.
Y a pesar de que sabían que en sus manos estaba el futuro de esos niños inocentes, no sabían cómo actuar. Aquellos que ya habían descubierto el mejor camino para vivir a plenitud vivían muy lejos, y tal vez nunca podrían conocerlos. Tal vez estaban muy cerca, pero sabían que el camino tenía que ser descubierto por ellos mismos y no deberían intervenir en sus decisiones.
Y como en todas las familias, se tomaban decisiones equivocadas. Sus hijos no siempre estaban contentos con los regaños, y no siempre compartían los gustos de los demás. Pero eran hermanos y vivían en el mismo lugar.
En ese pequeño punto azul perdido en un infinito espacio habitado por las demás familias del vecindario.
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